martes, 12 de noviembre de 2013

DENIA



http://juanjosepedro.blogspot.com.es/2012/09/es-una-acuarela-de-hace-unos-anos-en.html
Crédito de la imagen


Los invisibles ojos de la diosa
avistaban los días y las embarcaciones
desde tu nombre griego.
Pero hoy,
Arthemisium Hemeroscopion,
nadie recuerda ya tu viejo nombre
pleno de milenarias resonancias:
pleno de sal, de luz,
de míticos periplos,
de oscuros navegantes
y de mercaderías.
Si todo fuera un sueño,
si no existiera el Tiempo y sus heridas,
y si nada pudiera contra el hombre y sus fuegos...
Pero el Tiempo es un viento que consume los fuegos,
arrasa las culturas,
disipa las ciudades
y a ti te ha concedido la indulgencia
de conservar tus albas luminosas
y tus tiernos crepúsculos.
Lo demás, nada:
tarjetas postales, tablas de surfing,
folletos publicitarios
y económicos apartamentos con vistas al mar.
Aquí, donde los ojos de la diosa
-un sedimento de melancolía
temblando en las pupilas-
avistaban los días y las embarcaciones,
Arthemisium Hemeroscopion,
desde tu nombre griego.


Islas, 1991
(VII Premio "Ángel González" de poesía)


martes, 5 de noviembre de 2013

PISAR CRISTALES

 
 
 
 
 
      Hoy se cumplen cincuenta años de la muerte de Luis Cernuda en su exilio mejicano. Con tal excusa, nos hallamos inmersos en un tiempo de publicaciones, homenajes y recuerdos al que tal vez se haya convertido en el poeta más influyente de la generación del 27. Si tuviera que elegir de entre los suyos mi poema favorito, no sabría hacerlo: muchos son mi poema favorito. Pero, cuando pienso en Cernuda, en su vida, en su persona y en su poesía, siempre me viene a la cabeza éste de Los placeres prohibidos. Creo que lo define.
 
 
 
PARA UNOS VIVIR

Para unos vivir es pisar cristales con los pies desnudos; para otros vivir es mirar el sol frente a frente.
La playa cuenta días y horas por cada niño que muere. Una flor se abre, una torre se hunde.
Todo es igual. Tendí mi brazo; no llovía. Pisé cristales; no había sol. Miré la luna; no había playa.
Qué más da. Tu destino es mirar las torres que levantan, las flores que abren, los niños que mueren; aparte, como naipe cuya baraja se ha perdido.

 
 

jueves, 24 de octubre de 2013

POR DIGNIDAD

 
 

 
 
                           TERMÓPILAS
 
 
                                     Honor a aquellos que en sus vidas
                                     custodian y defienden las Termópilas.
                                     Sin apartarse nunca del deber;
                                     justos y rectos en sus actos,
                                     no exentos de piedad y compasión;
                                     generosos cuando son ricos, y también
                                     si son pobres, modestamente generosos,
                                     cada uno según sus medios;
                                     diciendo siempre la verdad,
                                     mas sin guardar rencor a los que mienten.
 
                                     Y más honor aún les es debido
                                     a quienes prevén (y muchos lo prevén)
                                     que Efialtes aparecerá finalmente
                                     y pasarán los persas.
 
 
 
KONSTANTIN KAVAFIS
 

          En días como hoy no quiero dejar de recurrir, una vez más, a esta joya de la poesía ética del gran Kavafis. Algunos dirán que me repito, pero es que la situación no sólo se repite sino que se agrava. Este es un blog de poesía, de amor a la poesía. Y, como dice mi amiga Trapisonda, no viene mal recordar en cada momento que hay versos para todo.
        La anécdota es sobradamente conocida: en el año 480 a.C., el rey espartano Leónidas defendió, hasta morir, el desfiladero de las Termópilas contra la invasión persa. Fue derrotado al fin cuando un traidor -Efialtes- facilitó a los persas de Jerjes el camino de acceso al desfiladero. Pero el poeta no habla de Historia, sino de dignidad. Lo que quiere decir es que hay momentos trascendentales en que las personas tenemos el deber de defender nuestras convicciones, aunque sospechemos que, al final, tal vez sólo nos quede la dignidad de nuestra derrota. Los persas pasarán, seguramente ya han pasado. Pero hay miles de motivos que nos impiden cerrar los ojos y cruzarnos de brazos.
 
 

sábado, 19 de octubre de 2013

LA CÓLERA

 
 


      El poeta Manuel López Azorín me ha dado la alegría de escribir y publicar en su blog una reseña de La cólera, el libro con el que gané (ex-aequo con Carlos Izquierdo) el Premio Joaquín Benito de Lucas en el año 2011. Ni que decir tiene que me ha hecho una enorme ilusión, además de sorprenderme gratamente, pues ignoraba que el libro hubiera suscitado el interés de alguien ajeno a mi familia o a mi círculo de amigos. Yo le agradezco mucho su atención y sus amables palabras y dejo aq un enlace. 
 
 

lunes, 14 de octubre de 2013

POETA EN NUEVA YORK

 
 

      Siempre es saludable y estimulante revisitar un libro como éste, sin duda uno de los acontecimientos literarios del siglo XX, la indiscutible obra maestra del poeta Federico García Lorca. La publicación en Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores de la "primera edición del original",  supuestamente la versión más fiel, fijada y anotada por Andrew A. Anderson, era una buena excusa para ello. Rodeado de problemas textuales que, sin duda, han contribuido a envolver al libro en un halo de misterio, Poeta en Nueva York tiene una historia complicada: publicado póstumamente en 1940, tuvo dos "primeras ediciones", una en México y otra en Nueva York, que presentaban significativas discrepancias entre ellas. En el estudio introductorio de esta última edición, Anderson trata con detalle (quizá demasiado detalle) la tortuosa peripecia sufrida por unos textos que Lorca, asesinado en agosto de 1936, había dejado sin organizar. El resultado es una visión de conjunto de cómo evolucionó el libro antes de tomar su forma definitiva. Al parecer, el original que más se acerca a la última voluntad de Lorca fue un caótico galimatías (en parte manuscrito y en parte mecanografiado, lleno de correcciones y tachaduras) que el poeta entregó a José Bergamín sólo unos días antes de su muerte. Ese original se había perdido, hasta que en 2003 la familia lo adquirió en una subasta por casi 200.000 euros. No da la impresión, a la vista del facsímil que reproduce los textos mecanografiados y manuscritos, de que ese original fuera una versión definitiva. Sinceramente, creo que ya nunca sabremos cuál hubiera sido el resultado final del libro si la guerra civil no hubiera truncado la vida y la obra de su autor. Y tampoco creo que eso importe ya demasiado.

 
      Los poemas que forman parte de este libro emblemático están escritos en la ciudad de Nueva York el año (1929-1930) en que Lorca vivió como estudiante en Columbia University. Tenía 31 años, nunca había salido de España y estaba sumido en una profunda crisis personal. Fue la experiencia más útil de su vida. Allí vivió el crack de la bolsa que, en 1929, desencadenó la terrible crisis económica y social que conocemos como "la gran depresión". El encuentro directo con la ciudad que se erigía en símbolo del capitalismo y del mundo contemporáneo, masificado y deshumanizado, marcó profundamente su obra. Supuso, sin duda, un punto de inflexión no sólo en su poesía sino también en su obra dramática.
      Sin quitarle mérito a la edición del profesor Anderson, lo que verdaderamente me ha hecho disfrutar (y mucho) ha sido la relectura del libro, un libro seguramente inacabado que contiene algunos de los mejores textos de la poesía universal del siglo XX.

 

sábado, 5 de octubre de 2013

ALQUIMIA



"Interior. Día."


Una estancia vacía
en la penumbra
-piedra filosofal,
esfinge, demiurgo
(en el principio
existía el silencio)-
hará estallar la luz,
la palabra, la música.




Islas, 1991
(VII Premio "Ángel González" de poesía)

 

miércoles, 12 de junio de 2013

AFORISMO



La luz


SÓLO sabrá reconocer luz
-instalarse en la luz,
  abrir caminos nuevos en la luz-
aquel que alguna vez estuvo ciego.






La cólera, 2012
(XXVII Premio de Poesía "Joaquín Benito de Lucas")

 

miércoles, 22 de mayo de 2013

CANCIÓN ERRÓNEA




Desprecio
la eternidad.
He vivido
y no sé por qué.
Ahora
he de amar mi propia muerte
y no sé morir.
Qué equívoco. 
 

      Última propuesta de la personal poesía de Antonio Gamoneda, Canción errónea es una sucesión de textos carentes de título y no sometidos a una organización preestablecida en la que este singular autor insiste una vez más en los temas esenciales de su obra. Desde la serenidad que da la conciencia de la pérdida, Gamoneda escribe sobre los límites, sobre la vida entendida como accidente que ocurre entre dos inexistencias. En su habitual lenguaje despojado, minimalista y reiterativo, anticipa el final del camino, mientras rememora la infancia.

 

viernes, 26 de abril de 2013

A LA MANERA DE ALBERTO CAEIRO

 
                                                                  
EL Tajo es tan hermoso
como el río que pasa por mi aldea.

El Tajo avanza sigilosamente
desde las viejas cumbres de la infancia
y se deja morir junto a Lisboa.

Por el Tajo navega la música del Tiempo,
el fantasma del Tiempo,
la mirada perdida del origen del Tiempo.
Por el Tajo naufragan navíos de papel.

El Tajo es tan hermoso
como el río que pasa por mi aldea
porque el Tajo
es el río que pasa por mi aldea.



La cólera, 2012
(XXVII Premio de Poesía "Joaquín Benito de Lucas")
 

miércoles, 24 de abril de 2013

LOS MUNDOS SUTILES

 
 
      Excelente documental de Eduardo Chapero-Jackson sobre Antonio Machado.  Un encargo de Acción Cultural Española para conmemorar el centenario de la publicación de Campos de Castilla. No es un documental al uso. En él, la vida y la obra del poeta sevillano son un hilo conductor que se entrecruza con la conversión en danza de los sentimientos que provocan sus poemas en una estudiante de ballet.
 

sábado, 20 de abril de 2013

"SELECTED WORKS" DE CHRISTINE RENDINA

 
 


     Desde el pasado jueves se expone en EL ALMACÉN DEL PAN, en el madrileño Barrio de las Letras, una selección de la obra de la fotógrafa Christine Rendina. En plena era de la manipulación digital, la artista norteamericana recurre al positivado en papel de la goma bicromatada para lograr efectos pictóricos. Una propuesta interesante que merece la pena visitar. Un procedimiento original (no por novedoso sino por genuino, porque vuelve a los orígenes decimonónicos de la fotografía) que la propia Christine nos explica:
 
 

jueves, 18 de abril de 2013

AGUA


                                    
MÁS allá del poema, al otro lado
de su lámina estéril,
¿qué miras desde el fondo de esos ojos
que apenas reconoces?
¿Interrogas, confiesas, especulas?
Por detrás de la luz la sombra acecha;
por dentro de la sombra
brota una claridad que te redime,
una luz que despierta
al animal que duerme en los espejos,
una luz que pronuncia
palabras como sombras, como ecos,
como reverberantes resonancias,
palabras como lunas:
agua en que se reflejan los secretos.



La cólera, 2012
(XXVII Premio de Poesía "Joaquín Benito de Lucas")

 

martes, 16 de abril de 2013

CATIVA EN SU LUGHAR / CASA PECHADA



      En el año 2006, el poemario Casa pechada, de Luz Pichel (Alén, Lalín, Pontevedra, 1947) se hizo con el premio Esquío de poesía en lengua gallega. Según su autora, este libro quiso ser un ajuste de cuentas, con su propia lengua y con su propia historia personal y familiar. La colección Diminutos Salvamentos -Progresele Ediciones- lo ha reeditado este año, acompañado de su traducción al castrapo, una lengua fronteriza, deforme y ruin, hija de la humillante diglosia que obligó a los gallegos a abandonar su lengua materna en favor del castellano, que era la lengua del poder, el prestigio social y el bienestar económico. Pero Cativa en su lughar no es una mera traducción, sino la versión muy libre ("refeita") de Casa pechada, el viaje de Luz Pichel a sus orígenes, al lugar y a los objetos que conformaron las vivencias de su infancia.
      El volumen es un verdadereo regalo para la sensibilidad que se compone de varias partes:
      1. Lenguas ruines (anotaciones de la autora a esta edición)
      2. Cativa en su lughar, autotraducción del libro original al castrapo, acompañada por unas glosas de la autora, textos que median en los márgenes entre un idioma y otro.
      3. Notas para un libro refeito ((findologos, sobreopunto)), interlogo que se sitúa en el axis de la publicación y cuya autora es la poeta María Salgado.
      4. Casa pechada, poemas originales en gallego.
 
      Para muestra, un botón:
 


POEMA PRÓLOGO

Hai nesta aldea un gato
que coñece os abismos.
 
Ás noites,
desde o Alto das Penas,
érguese e mira para a casa que fora do seu dono
e laia coma un cadelo adoecido.
A súa sombra é longa e afiada.
Espétaselle a un no peito de por vida.
 
Vai haber que o matar.
 
(Casa pechada)
 

POEMA PRÓLOGO
Al animal

Un animal, un gato, un ghato,
dos córneas, dos cortes verticales frente a lo hondo,
lo fondofondo, la noche, la noiteneghra.
A la nochenegra, yérguese, animalito,
espeta sus dos patas en el Alto das Penas,
yérguese y mira para la casa que fue de su amo,
que fue de su amo,
lo hondo allá hondo qué es
quéjase, laia, es
un cadelo adolientado,
una sombra longa
una sombra un hilo
un filo negronegro
un filo neghroneghro,
clávasele a una de por vida
clávasele a cualquiera de por vida y va a haber que matarlo
va a haber que matarlo
va a haber que lo matar.
 
(Cativa en su lughar)
 

      Dejo también el vídeo de la presentación del libro en el Matadero de Madrid, en enero de este año, a la que no pude asistir y ahora recupero:
 


martes, 9 de abril de 2013

EL PUENTE




 
      El pasado mes de diciembre la Editorial Pre-Textos publicó la última versión realizada hasta el momento de la obra de Hart Crane, El puente. La magnífica traducción corre a cargo de Margarita Fernández de Sevilla y Sally Burgess, del Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna.
      Nacido en Ohio en 1889, Harold Hart Crane es uno de los poetas norteamericanos más relevantes del siglo XX. Inestable, contradictorio, autodidacta, hijo único de unos padres divorciados que jamás lo comprendieron, supo desde muy pronto que su destino era ser poeta y se dispuso a recoger la herencia de Walt Whitman, al que admiraba profundamente. Leyó con voracidad: a los isabelinos, a Óscar Wilde, a Rimbaud, a Emily Dickinson, a T.S. Eliot, a Ezra Pound... y, al parecer, se relacionó con Federico García Lorca durante la estancia de éste en Nueva York. Autor de una obra tan breve como intensa (sólo publicó dos libros: White Buildings, en 1926, y The Bridge, en 1930), murió antes de cumplir los 33 años. El 27 de abril de 1932, tras una vida infeliz, marcada por la homosexualidad y el alcoholismo, se arrojó a las aguas del Golfo de México desde la cubierta del buque Orizaba. Cuentan que fue después de que unos marineros le dieran una paliza por haber intentado seducir a uno de ellos: se quitó la chaqueta, la dobló cuidadosamente, la dejó sobre la barandilla y se lanzó por la borda ante decenas de testigos de los que se despidió al grito de "¡Adiós a todos!"
      El puente es un libro clave en la poesía contemporánea y un clásico de la poesía norteamericana de principios del siglo XX. Concebido como un poema épico dividido en partes, pretende ser una síntesis de los Estados Unidos. El mítico puente de Brooklyn, el primer puente colgante del mundo, emblema de la modernidad y el progreso, es el punto de partida, el icono de una ciudad y un país, el símbolo de la gran América, de unos Estados Unidos fundados en unos valores que Crane consideraba ejemplares. 
      Obsesionado por dotar a su poema de un "andamiaje", idea distintas secciones que luego va puliendo, en un continuo proceso de reescritura, hasta dejarlo en la estructura definitiva: un prohemio y ocho secciones numeradas. Una epopeya en la que tienen cabida el viaje de Colón, el sueño de Eldorado, el río Mississipi, la conquista del Oeste, Pocahontas y la cultura indígena, el Cutty Sark y el dominio de los mares, el nacimiento de la aviación, Edgar Allan Poe, Walt Whitman, el túnel del metro... y, como cierre, otra vez el puente, en el aria final ("Atlántida") que el poeta compuso en la misma habitación desde la que, treinta años atrás, el ingeniero que lo diseñó supervisaba las labores de construcción.
      Escrito bajo la influencia de Rimbaud y de Walt Whitman, El puente no es un poema fácil, sino todo lo contrario. Oscuro y musical, alucinado e intenso, suscitó inicialmente el rechazo de la crítica, lo que llevó al poeta a una profunda depresión y una sensación de fracaso que quizá contribuyera a precipitar su trágico final. Hoy, sin embargo, está considerado como un punto de inflexión en la historia de la poesía moderna. Merece la pena cruzar este puente.


 
 VIRGINIA
 
 
Oh la lluvia a las siete
Y la paga a las once.
Sonriendo mantén al jefe lejos,
Mary (¿qué vas a hacer?). Pasaron
Ya las siete y las once,

Y yo sigo esperándote.

¡Oh, Mary, ojos azules y pañuelo burdeos,
Mi Mary de los sábados!

¡Campanillas del carro
De golosinas!
¡Palomas a millones,
Y Prince Street en primavera,
Donde brillan los higos
Junto a las ostras!
 
¡Oh, Mary que te asomas desde el silo,
Suelta tu trenza de oro!

En pleno mediodía
De mayo las violetas
Se esparcen en cornisas de narcisos.
Reinan en Bleecker bandas de trileros,
Con crin de poni las peonías
Y en las ventanas nomeolvides:
¡Allá arriba, en la torre de latón, resplandece,
Oh, Mary catedral,

resplandece!
 


Hart Crane ante el puente de Brooklyn
 


 

lunes, 8 de abril de 2013

APOLOGÍA



Si la vida te deja entre las manos
su terrible moneda
-esa oscura moneda que te aboca
a no se sabe qué profundas simas,
a qué alados espacios luminosos-,
no rehúses las sombras
ni desdeñes los dones que te otorgan:
su tristeza hiberniza,
sus aromas azules como lágrimas,
su desolado ámbito
de nave a la deriva,
como de gran naufragio irremediable
en un charco de lodo...

Sin ellas,
¿cómo reconocer
el mar, la luz, el gozo?
¿Y cómo amar, sin ellas,
la blanca gaviota
que planea en el cielo del verano?


Islas, 1991
(VII Premio "Ángel González" de poesía)
 
 

miércoles, 27 de marzo de 2013

lunes, 25 de marzo de 2013

LÊDO IVO

 
 
 



      La primera vez que vi escrito el nombre de Lêdo Ivo fue en este magnífico poema que Juan Carlos Mestre incluyó en La Casa Roja, el libro que le valió el Premio Nacional de Poesía en el año 2009. Ni que decir tiene que, después de aquella lectura, busqué inmediatamente a Lêdo Ivo. ¿Quién podía resignarse a seguir ignorando a ese enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos? Y encontré a Lêdo Ivo, que por aquel entonces aún era un hombre viejo que seguía viviendo en Brasil y salía en las antologías con cara de loco. Encontré a Lêdo Ivo, el más joven de los ancianos poetas que habitan la aldea de sal, en la antología preparada por Guadalupe Grande y el propio Juan Carlos Mestre para la editorial Calambur.




      Pude, al fin, visitar Cavalo Morto, ese lugar inexistente.
 
     
CAVALO MORTO 
 
 
En Cavalo Morto, las muchachas acostumbran a salir de paseo con los soldados. Y luego a quererse. Sucede entonces algo inverosímil: después de hacer el amor, bordan en las nubes, con un alfabeto azul y blanco, el nombre de los enamorados: José, Antônio, Manuel, Joâo.
 
Las muchachas vuelven más jóvenes de esos amores entre la maleza. Regresan intrépidas, excitadas por el filtro de la luna. Y para ellas no hay ya exigencias, cobardías, acontecimientos. Sólo existen los soldados del batallón.
 
En agosto, enero, igual septiembre, las muchachas aman en Cavalo Morto. Pasan abrazadas a sus enamorados y dejan en la arena del camino algo como un rastro de espuma o velo. Los soldados no saben hacer sonetos, ¡pero cómo aman!
 
De noche, Cavalo Morto nunca está despoblado. Y si pasas un día por allí y oyes voces, risas y gemidos de amor, no te asustes por miedo a los fantasmas. Son las muchachas amándose con los soldados de Cavalo Morto.
 
 
 
 
 
   
   Lêdo Ivo (Alagoas, 1924) es un poeta singular, uno de los grandes poetas brasileños de todos los tiempos y un referente en la historia de la poesía universal contemporánea. Máximo exponente de la llamada Generación del 45, ha desarrollado una intensa labor no sólo como poeta sino también como narrador, periodista y ensayista. En marzo de 2011, Vaso Roto Ediciones publicó la primera edición mundial del libro que hoy he terminado de leer, Calima, traducido por Martín López-Vega. Un libro en el que Lêdo Ivo vuelve sobre sus preocupaciones esenciales: el universo complejo como divinidad única y múltiple, el paso del tiempo, la magia de lo cotidiano y una fe indestructible  en la vida y en la poesía. Un libro en el que se leen versos como éstos:

 
MANGOS MADUROS

Durante la noche, escuché el viento
y, de vez en cuando, un ruido sordo.
Eran mangos maduros que caían.
Por un momento se quedaban inmóviles en el suelo de mi vigilia.
Y en seguida entraban en mi sueño
con sus dulces fibras amarillas y su aroma embriagador.
Durmiendo, los oía caer en la oscuridad,
allá donde yo estaba despierto, escuchando el viento
que me seguiría la vida entera
con un ruido semejante al de los mangos maduros
cayendo de noche en el suelo de la infancia.

 
 
      Lêdo Ivo ya no vive en Brasil. Falleció en Sevilla, a finales del año pasado, a la beatífica edad de 89 años. Por favor, lean ustedes a Lêdo Ivo, no se arrepentirán. Háganme caso: llamen urgentemente al sastre de las mariposas o, en su defecto, lean ustedes a Lêdo Ivo. El mundo es mucho más inhóspito sin él.

 

jueves, 21 de marzo de 2013

CELEBRACIÓN DE LA POESÍA


¿Cómo reconocerse, cómo ser,
cómo saber, mundo, de ti -de mí-
sin este espejo o fuego,
sin este rito mágico y solemne,
enfebrecida isla,
casa que me construye y edifica
(que redime mis huesos
y acompasa mi voz
con la voz de los otros),
arrebatado sortilegio
por que la piedra es luna,
por que la luna es rosa,
por que la rosa es mar
y el mar un astro diminuto y verde...?


Islas, 1991
(VII Premio "Ángel González" de poesía) 

sábado, 9 de marzo de 2013

FIDELIDAD

       


Penélope - Bouguereau, Adolphe-William
© Mead Art Museum, Amherst College, USA.
63 x 39 1/4 in Pintura - Óleo en lienzo 1891.
                                                                                             No vaciló un instante. Durante cuatro lustros lo había esperado tenazmente, con esa devoción insensata que sólo admiten las causas irrecuperables. Durante cuatro lustros había preservado su recuerdo como se cultiva una flor de invernadero. Se había anegado en un llanto incontenible y difuso. Se había retorcido de impotencia en el silencio de su alcoba. Con amorosos y pacientes dedos, había sabido urdir la trama de la fidelidad. Cuando el mar y el tiempo decidieron devolvérselo repentinamente, envejecido por las travesías y el salitre, ella ya estaba demasiado fatigada de nostalgias como para reconocer en la vigilia al objeto de su sueño. Sintió que se enfrentaba a un intruso y que apenas tenía nada que ofrecer: si acaso un corazón tullido y sepultado bajo una densa capa de verdín. Por eso se apresuró a depositar cuidadosamente aquel recuerdo en el vientre de una botella y lo arrojó al océano, al mar del tiempo que se lo había arrebatado, para siempre, cuatro lustros atrás.
 
 
 

sábado, 2 de marzo de 2013

WISLAWA

      Hasta octubre de 1996, momento en que se le concede el Premio Nobel de Literatura, la poesía de Wislawa Szymborska era prácticamente desconocida para el público español. Para mí siguió siéndolo precisamente hasta el día anterior a su fallecimiento, en febrero del año pasado, cuando de un modo providencial llegó a mis manos la magnífica antología Paisaje con grano de arena.
      Fue un descubrimiento fantástico, un verdadero milagro de la poesía. Casi de inmediato, la señora Szymborska, esa respetable desconocida, la gran dama de la literatura polaca,  se me reveló como una de las voces más auténticas, más cálidas y cercanas del siglo XX. También una de las más divertidas. Una voz que llegaba tardíamente, pero llegaba para quedarse y formar parte de la familia, para ser simplemente Wislawa. Desprovista de toda grandilocuencia, la poesía de Wislawa proyecta su mirada (una mirada vagamente impertinente, como esos binoculares que porta en la fotografía) sobre los aspectos más simples de la vida cotidiana. Cargada de ironía, de lucidez, de agudeza, de cordialidad y una cierta inocencia, la mirada de Wislawa es siempre una mirada humana y profunda que sabe ver mucho más allá de lo que hay delante de los ojos.
      Viene esto a cuento porque acabo de finalizar la lectura de Instante, uno de sus últimos libros, publicado en España por Ediciones Igitur hace ya algunos años. Un libro tan cautivador como los anteriores. Un libro que reflexiona sobre el alma, los recuerdos, el primer amor, las nubes, el silencio de las plantas,  las preguntas que no tienen respuesta... y en el que no falta una terrible fotografía del 11 de septiembre. Un libro hecho de instantes, no necesariamente felices, pero en cualquier caso irrepetibles ("uno de esos terrenales instantes/ a los que se pide que duren").
      Poesía altamente recomendable. Poesía para todos, pero especialmente para los reacios, para los cobardes, para los que jamás se atreven a leer poesía. Nadie debería perderse la oportunidad de conocer a  Wislawa porque, una vez que se la conoce, es imposible ya desprenderse de su hechizo.
 
 

ALGO SOBRE EL ALMA

Alma se tiene a veces.
Nadie la posee sin pausa
y para siempre.

Día tras día,
año tras año
pueden transcurrir sin ella.

A veces sólo en el arrobo
y los miedos de la infancia
anida por más tiempo.
A veces nada más en el asombro
de haber envejecido. 

Rara vez nos asiste
en las tareas pesadas,
como mover los muebles,
cargar las maletas
o recorrer caminos con zapatos apretados.

Cuando hay que cortar carne
o llenar solicitudes,
generalmente está de asueto.

De mil conversaciones
toma parte sólo en una,
y no necesariamente,
pues prefiere el silencio.

Cuando el cuerpo nos empieza a doler y doler,
escapa sigilosamente de su hora de consulta.

Es algo quisquillosa:
con disgusto nos ve en la muchedumbre,
le repugna nuestra lucha por supuestas ventajas
y el rumor de los negocios.

La alegría y la tristeza
no son para ella sentimientos distintos.
Sólo cuando se unen
está presente en nosotros.

Podemos contar con ella
cuando no estamos seguros de nada
y tenemos curiosidad por todo.

De los objetos materiales
le gustan los relojes con péndulo
y los espejos que trabajan afanosos
aunque no mire nadie.

No dice de dónde viene
ni cuándo se irá de nuevo,
pero evidentemente espera esa pregunta.

Según parece,
así como ella a nosotros,
nosotros a ella
también le servimos de algo.